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Uso alternativo de las palas de ping-pong

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Inauguro esta nueva categoría de entradas, Historias de una madre (en concreto la mía), con el uso que daba mi santa madre a las palas de ping-pong. Llevaba tiempo queriendo hacer este tipo de entradas y el empujón definitivo me lo dio el ver un comentario de mi gran amigo Pableras de los jaenes. Me vinieron a la mente recuerdos de mi infancia en Jaén, capital del Santo Reino.

Vayamos a las palas. Mi sobrino Andrés, de cuatro años, le tiene un amor desmedido a mi madre y su abuela. Cada vez que la ve, se abalanza hacia ella dando saltos y mostrando una gran alegría. “Yayai”, como él la llama, encantada de la vida, siempre y cuando el enano no la tire al suelo en uno de sus impetuosos abrazos.

El otro día le comenté a Andrés: “Hace 40 años no te hubieses abrazado tanto a tu yayai. Tendrías que haberla conocido con una pala de ping-pong en la mano”.

Os pondré en antecedentes. Mi hermano Antonio y yo somos el cuarto y el quinto hijos, respectivamente, después de tres niñas modositas y tranquilas de las de antes. Sólo un dato: mi madre empezó a fumar tras nacer Antonio porque no había forma de aguantar al niño de los cojones.

Tanto nos daba mi madre en el culo que se hacía daño en la mano, por lo que cuando empezamos a tener edad para jugar al ping-pong encontró “su arma preferida”. En el año 70 todo esto que os cuento no llevaba aparejada la pena de privación de libertad. Sobra el comentar que en la actualidad mi madre estaría en el talego.

Hubiese quedado cachondo el llegar a la Iglesia y que cuando el párroco te preguntara por tu madre, tuvieses que contestar: “Está en el trullo”. En fin ¡qué tiempos aquellos!

Mmamma Lola comenta que se conserva tan ágil de las carreras que se pegaba detrás de ese par de hioputas que tenía por hijos. Pero la hioputez de los hermanos brothers no acaba ahí. Como no éramos gilipollas, escondíamos las palas, ya que preferíamos sentir en nuestros inmaculados culos la suavidad de las zapatillas de la agresora. Esa era “su arma alternativa”. Esto parece el Call of Duty.

Cuando mi hermano hacía una trastada y yo “consideraba que se merecía” unas caricias en el culo, me acercaba a mi madre y le decía: “¿Te saco la pala?” ¡Menudo traidor! La verdad es que la traición era recíproca y cuando él podía me la devolvía. Yayai siempre ha sido muy ecuánime y en esos casos recibíamos los dos, uno por la trastada y otro por chivato.

“Jamás encontraréis ternura mejor y más desinteresada que la de vuestra madre”. Honoré de Balzac esto último antes de leer la entrada, el resto er Periquillo.

perico@nunezdecela.com
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4 comments

1 DOORMANGORE { 12.28.09 at 12:39 }

Mi madre usaba las cucharas de palo de la cocina. Destrozó varias en nuestras nalgas, qué risa… ¡Más palos debería habernos dado!

Muy buena historia, Perico… creo que todos podemos rememorar el arsenal de las madres… LOL

2 romeogpm { 12.28.09 at 15:30 }

yo creo k lo mio fue la zapatilla… lo tipico de “andar” por casa ..

3 Brolin6 { 12.28.09 at 15:39 }

Jejeje, a mi hermano y a mi ( sobre todo a el) la abuela nos perseguia con la goma de butano, menos mal que vivia en el campo y me rio yo del tal Bolt ese jejejejejeje.

La verdad que ahora cuando se lo contamos, la pobre no para de reirse pero cuando mi hermano le enterro los pollitos vivos en un agujero no le hizo tanta gracia jejejejeje, aun asi sobrebivieron, los pollitos y mi hermano.

Un saludo.

4 Periquillo { 12.28.09 at 20:38 }

Jooooder, como me ha dolido el leer lo de la goma del butano. Door, ahora que comentas lo de las roturas, también recuerdo las veces que mi madre se quedó con el mango en la mano. Imagina las leches que repartía.

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